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NAD+: entre la ciencia y la moda.

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En los últimos años, pocas moléculas despertaron tanto interés como el NAD+ (Nicotinamida Adenina Dinucleótido). Se lo presenta como la nueva promesa del antiaging, la solución para recuperar energía, mejorar la función cerebral, optimizar el metabolismo e incluso retrasar el envejecimiento.

Como suele ocurrir cuando un descubrimiento científico llega al mercado, la evidencia comenzó a convivir con el marketing. Y ahí es donde considero importante hacer una pausa.

El NAD+ es, sin dudas, una molécula fascinante. Pero una cosa es comprender su importancia biológica y otra muy distinta es asumir que administrarlo por vía endovenosa resolverá procesos complejos como el envejecimiento o la enfermedad metabólica.

La medicina basada en la evidencia nos invita a diferenciar ambas cosas.


 
¿Qué es el NAD+?
El NAD+ (Nicotinamida Adenina Dinucleótido) es una coenzima presente en prácticamente todas las células del organismo.
Su función principal consiste en participar en cientos de reacciones metabólicas que permiten transformar los nutrientes en energía. Sin NAD+, nuestras mitocondrias no podrían producir ATP de manera eficiente y la vida celular sería imposible.
Sin embargo, reducir el NAD únicamente a la producción de energía sería simplificar demasiado su papel.
Actualmente sabemos que también participa en procesos tan importantes como:
  • Producción de energía mitocondrial.
  • Reparación del ADN.
  • Regulación del estrés oxidativo.
  • Activación de las sirtuinas, proteínas relacionadas con el envejecimiento saludable.
  • Función inmunológica.
  • Regulación del metabolismo de la glucosa y los lípidos.
  • Adaptación celular frente al estrés.
Por esta razón, el metabolismo del NAD se ha convertido en uno de los grandes focos de investigación en medicina del envejecimiento y enfermedades metabólicas.

 


 
¿Por qué disminuyen los niveles de NAD?
La disminución del NAD no responde a una única causa.

En realidad, es el resultado del equilibrio entre la capacidad del organismo para producirlo y la velocidad con la que lo consume.

Con el envejecimiento, ambos procesos cambian.

Por un lado, disminuye la eficiencia de las vías que reciclan NAD, especialmente la denominada "vía de rescate", dependiente de la enzima NAMPT.

Por otro, aumenta el consumo debido a la activación de enzimas como PARP y CD38, involucradas en procesos de reparación del ADN, inflamación e inmunidad.

Esto significa que el descenso del NAD suele ser una consecuencia de un organismo sometido durante años a inflamación, estrés oxidativo y daño celular.

No necesariamente la causa primaria del problema.

 
¿Por qué hoy está tan de moda?
A partir de estos hallazgos surgió una hipótesis muy atractiva:
Si el NAD disminuye con la edad, aumentar sus niveles podría retrasar el envejecimiento.
La hipótesis tiene lógica biológica.
Sin embargo, entre una hipótesis y una indicación clínica existe un largo camino que debe recorrer la investigación científica.
En los últimos años aparecieron suplementos de NMN y nicotinamida ribósido (NR), junto con infusiones endovenosas de NAD+, promocionadas para:
  • aumentar la energía;
  • mejorar la concentración;
  • favorecer la recuperación física;
  • optimizar la función mitocondrial;
  • combatir el envejecimiento.
Muchas de estas afirmaciones exceden lo que actualmente puede demostrarse en humanos.

 


 
El verdadero problema no es tener poco NAD

Aquí es donde considero que debemos cambiar la pregunta.
No deberíamos preguntarnos solamente:
¿Cómo aumento mi NAD?
La pregunta más importante es:
¿Por qué mi organismo está consumiendo tanto NAD?
Cuando observamos la fisiología encontramos varios factores que aceleran su consumo:
  • inflamación crónica de bajo grado;
  • obesidad visceral;
  • resistencia a la insulina;
  • hígado graso;
  • estrés oxidativo;
  • alcohol;
  • tabaquismo;
  • sedentarismo;
  • alteraciones del sueño;
  • envejecimiento celular.

Es decir, muchas personas no presentan un déficit aislado de NAD.
Presentan un organismo que consume NAD a una velocidad mayor de la que puede regenerarlo.
Y mientras esa causa permanezca activa, ningún tratamiento aislado resolverá el problema de fondo.

 


 
Cuando el entusiasmo supera a la evidencia

El fundamento biológico resulta interesante.

No obstante, la evidencia clínica todavía presenta limitaciones importantes.

Hasta el momento, los estudios disponibles son pequeños, heterogéneos y con escaso seguimiento a largo plazo.

Algunas investigaciones demuestran modificaciones en los metabolitos relacionados con el NAD después de las infusiones intravenosas.

Sin embargo, demostrar cambios bioquímicos no equivale a demostrar beneficios clínicos sostenidos sobre fatiga, función cognitiva, longevidad o prevención de enfermedades.

Además, aún existen interrogantes fundamentales sobre el destino del NAD administrado por vía intravenosa, ya que parte puede degradarse extracelularmente antes de ingresar a las células.

Por ello, diversas revisiones científicas concluyen que todavía son necesarios ensayos clínicos aleatorizados de mayor calidad antes de recomendar su utilización rutinaria como estrategia antiaging.

 


 
Entonces, ¿cómo podemos cuidar naturalmente nuestro metabolismo del NAD?

Paradójicamente, las estrategias con mayor respaldo científico no son las más costosas.

Son aquellas que disminuyen el consumo patológico de NAD y favorecen su reciclaje fisiológico.

1. Entrenamiento de fuerza

El ejercicio aumenta la actividad de la vía de rescate del NAD mediante la activación de NAMPT y mejora la función mitocondrial.

Además, preserva la masa muscular, uno de los principales determinantes de la salud metabólica.

2. Actividad aeróbica regular

Favorece la biogénesis mitocondrial, mejora la sensibilidad a la insulina y reduce la inflamación sistémica.

3. Alimentación adecuada

Consumir suficiente proteína y alimentos ricos en vitamina B3 (niacina), como carnes, pescados, legumbres y frutos secos, aporta los precursores necesarios para la síntesis fisiológica de NAD.

Esto no implica utilizar megadosis de suplementos sin supervisión médica.

4. Disminuir la inflamación crónica

Controlar el exceso de grasa visceral, la resistencia a la insulina, las enfermedades periodontales, la disbiosis intestinal y otros focos inflamatorios ayuda a reducir el consumo excesivo de NAD.

5. Dormir bien

El metabolismo del NAD mantiene una estrecha relación con el reloj biológico.

El descanso insuficiente altera la actividad de las sirtuinas, favorece la inflamación y deteriora el metabolismo energético.

6. Reducir el consumo de alcohol

El metabolismo del alcohol modifica la relación NAD+/NADH y altera múltiples vías metabólicas hepáticas.

Su consumo frecuente representa uno de los factores que más contribuyen al desequilibrio metabólico.

Una advertencia necesaria

No considero prudente demonizar el NAD+.

Tampoco considero prudente presentarlo como una solución universal.

El NAD+ endovenoso puede convertirse en una herramienta complementaria dentro de protocolos específicos y bajo supervisión médica, pero hoy no contamos con evidencia suficiente para justificar muchas de las promesas comerciales con las que se ofrece.

Cuando una molécula se convierte en tendencia, existe el riesgo de olvidar una de las preguntas más importantes de la medicina...

 


 
¿Qué está generando la alteración que intento corregir?

Porque la verdadera medicina no consiste únicamente en reemplazar moléculas.

Consiste en comprender por qué dejaron de funcionar los mecanismos que las regulan.

En mi práctica clínica, antes de preguntarme cómo aumentar el NAD, prefiero preguntarme por qué ese paciente lo está consumiendo en exceso.

Muchas veces, la respuesta no está en una infusión.

Está en corregir la inflamación, recuperar la masa muscular, mejorar la alimentación, optimizar el sueño, disminuir el estrés y devolverle al organismo la capacidad de sostener su propia bioquímica.

Ese enfoque probablemente no sea tan atractivo como una terapia de moda.

Pero suele ser mucho más coherente con la fisiología y, sobre todo, con la medicina basada en la evidencia.

 

Dra. Alejandra Rodríguez Zía



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